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Despedida a mi padre

 

Por: Isabel Patiño Collazos

Estudiante de Lic. En música

 

Bien dicen que el tiempo es una ilusión pues ya han pasado seis días y a mí me parece estar embargada en él, flotando en las mañanas entre el aroma a café y cigarrillo mientras te observo leyendo el periódico en el comedor. Me parece increíble que tan solo el domingo pasado estábamos charlando sobre el reciclaje de basuras y tú me hayas respondido, como siempre, con toda la propiedad y conocimiento que te caracterizaban. Acuden a mí las enseñanzas que me inculcaste desde niña y observo tus defectos desvanecer frente al padre responsable, abuelo incondicional, pero sobre todo, gran amigo que fuiste toda la vida. Me veo llegando del colegio a encender la televisión para sintonizar la novela de moda; tú inmediatamente aparecías, lo apagabas y a cambio me pasabas un libro. Tenías clara la tarea de apartarme de las basuras mediáticas.

Recuerdo el sonido de la máquina de escribir bajo mis dedos, “chuzografeando” el resumen de “Maria” de Jorge Isaacs que aginabas como mi tarea en vacaciones escolares. Escucho tu voz mientras leías en voz alta tus escrituras frescas de “Herr Simonds y la Navegación a Vapor en el Cauca” y que insistías en hacerme escuchar para conocer mi opinión. Luego volvías a tu redacción y continuabas horas y horas escribiendo hasta que me descubrías escapando infantilmente de puntillas en un intento por no ser descubierta.

¡Gracias papá! porque a pesar de no ser una ávida lectora como tú, te debo mi espíritu crítico, mi fascinación por nuestra herencia cultural y el exquisito gusto por la gastronomía.

Recuerdo leer tus arduos estudios sobre el Bambuco, los cuales siempre entraron en polémica con numeroso músicos y académicos, pues tus investigaciones eran a fondo, siempre escudriñando las raíces y rescatando los aportes africanos sin desconocer el aporte indígena y europeo a nuestra cultura, una “cultura” que miraba con rareza y desprecio sus propias raíces. Incluso, una de nuestras discusiones era sobre como la Feria de Cali no tenía nada de “caleño” musicalmente hablando. Siempre voy a admirar tu firme postura crítica, tus convicciones, tus ideales políticos, tu sencillez y tu fuerte desprecio por todo aquel que tratara de censurar tus preocupaciones.

Un día te pregunté qué cuándo ibas a escribir una novela sobre la historia de tu vida, pues tu infancia y juventud estuvieron marcadas por historias de dolor, drama, superación y victoria. Fuiste la luz de tu familia y saliste victorioso del sufrimiento. Yo siempre reconocí tu carácter duro y frío, aquella coraza formada por el dolor del abandono pero tu sentido del humor siempre primó, incluso en los momentos de mayor dificultad, tu sonrisa era una luz. Nunca manifestamos que nos queríamos pero lo sabíamos… ahora te has ido y se ha derrumbado un pilar de nuestra vida, se va la voz de una ciudad y de un país inconforme, sobre explotado política y culturalmente.

Sabía que algún día esto sucedería pero nunca pensé que fuera tan pronto el tener que decirte adiós pues cuando te preguntaba cómo te había ido en el médico decías: “¡Estoy perfecto, Me felicitaron!”. Camino a urgencias, nunca manifestaste la gravedad de tu estado, aguantando el dolor con una valentía única para pasar desapercibido frente a tus nietos y evitarles el sufrimiento de tu estado agónico.

Te pido perdón padre por haber ignorado tantas cosas que quisiste compartir conmigo y que mis ocupaciones de madre y laborales no me dejaron. Recuerdo nuestro último almuerzo en en Primos y tú como siempre observando cómo un negocio podía funcionar sencilla y exitosamente. Sabías perfectamente mis preocupaciones y sueños. Hoy voy camino a Jamundí y te llevo en el corazón. Como quedamos hace poco, traeré conmigo la pepper longum o pipilongo de la que tanto hablamos como especia para rescatar y enaltecer nuestra cocina. Tu arbolito sigue creciendo en casa y algún día, en tu honor, prepararé un festín olvidado… … “un festín en el que se combinaron el maní, la papaya, los fríjoles, las especias, centenares de vegetales y frutas, cuyos sabores y aromas hemos olvidado. La irrupción de la modernidad y el gusto de las élites latinoamericanas por la imitación de lo europeo, en particular de lo francés, en el caso de la cocina, nos han privado de esta riqueza, a la que deberíamos volver, pues este festín olvidado representa uno de los aspectos más auténticos de nuestra cultura.” Germán Patiño Ossa. – Fogón de Negros.)

Para ver los programas de Germán Patiño en ConversanDos ir al siguiente enlace: http://cvisaacs.univalle.edu.co/index.php?option=com_content&view=article&id=2669&Itemid=100119

 

 

 

 

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